En la ilustración que a continuación verán, se registra una tendencia masoquista por el esclavo de barbas prominentes de la derecha, ya que parece que le resulta placentero que el encapuchado verdugo (amo y señor de los débiles) se acerque, con su látigo, su furia y su castigo inminente.
En la edad media también existía el masoquismo extremo

Lo curioso de la ilustración es ver como el esclavo encadenado de barbas prominentes se enciende cuando se acerca con el látigo el que propinará los castigos. Entonces dice: “bueno, esto es raro”.
Pero lo más curioso de esto es que algo similar pasó en las lejanas tierras de Jihad Joe (para encubrir cualquier sospecha), en donde por tercera vez nos vimos privados de nuestra libertad el Señor Malaquias y yo, y cuando nos llevaron a las mazmorras para encarcelarnos en aquellas terribles noches del insomnio infantil de los cuentos de hadas, comenzaron a castigarnos exactamente igual, a latigazos por 4 horas diarias.
En esas horas indignas de sufrimiento y de dolor, en las que yo terminaba destrozado, notaba horrorizado como el Señor Malaquias sonreía y pedía más, y la sangre brotaba y el ogro maligno que tenía el látigo lo complacía golpeándolo cada vez más fuerte.
Después de 3 días de estar sufriendo estos terribles castigos, cuando Malaquias pedía entre risas y gritos de placer que le dieran más y más, pude ver una pequeña protuberancia que palpitaba en su entrepierna (no hablo de la de Karolina Kurkova ni de la de Maria Sharapova pero les dejo los enlaces por si les interesa) y cuando se dio cuenta de que lo miraba con cara de asco dijo: “Dios mio, esto si que es extraño”.
Desde ese momento dejó de exigir al verdugo que le golpeará con fuerza y se limitó a cerrar los ojos y a sonreír como un niño que recibe un helado un domingo. Las torturas y maltratos terminaron cuando los milicianos del ejercito campesino de la insolencia y la insurrección nos salvaron para después llevarnos a trabajar de esclavos a los hornos de Hitler.
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