Los animales en ocasiones pueden ser muy chistosos. Pero rara vez vamos a poder observar a un caballo rastafari riendo como a éste. Lo de rastafari me lo invento aunque su pelo medio que se parece y con esa sonrisa mucho más.

Alucino con la cara del melenudo caballito ese. Si hasta parece uno de esos borrachitos que hay en la esquina del convento de Kubrick, allá por los lagos secretos de las regiones y bosques encantados del monte ekis.
Ahora que recuerdo, el Señor Malaquias tenía una mascota parecida, aunque en realidad lo de él era un burro gris que rebuznaba como corneta y no sonreía. Más bien se la pasaba con su cara de triste ermitaño cargando los cachibaches del Señorito Malaquias.





